Más allá de los KPIs: medir innovación para crear valor real y sostenible
Explorar por qué los indicadores convencionales no bastan, qué dimensiones quedan fuera del reporte tradicional y cómo avanzar hacia métricas que conecten innovación con impacto, reputación y resultados estratégicos.
Carmen Mena
2/12/20266 min read


Más allá de los KPIs: medir innovación para crear valor real y sostenible
Explorar por qué los indicadores convencionales no bastan, qué dimensiones quedan fuera del reporte tradicional y cómo avanzar hacia métricas que conecten innovación con impacto, reputación y resultados estratégicos.
El problema que todos reconocen, pero pocos cuestionan
En las organizaciones contemporáneas, medir innovación se ha convertido en sinónimo de gestionarla. Se multiplican los cuadros de mando, los KPIs y los informes trimestrales. Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que los indicadores tradicionales no están recogiendo lo que realmente importa: el impacto sostenible de la innovación en la empresa, su entorno y sus grupos de interés.
Indicadores tradicionales en innovación
En la práctica de gestión, muchas organizaciones tienden a apoyarse en un conjunto de indicadores bien establecidos para evaluar su capacidad innovadora.
Entre ellos:
La inversión en I+D como porcentaje de las ventas se ha consolidado como referencia cuantitativa para comparar esfuerzos internos y externos. Un ejemplo reciente lo ofrece el ranking del Joint Research Centre de la Comisión Europea, que sitúa a varias empresas españolas entre las 100 europeas que más invierten en investigación y desarrollo: Banco Santander (posición 29), Amadeus (41), Telefónica (60), Grifols (89), Iberdrola (91) e Indra (93) se encuentran entre las compañías con mayor gasto en I+D del continente, frente a un total de 26 firmas españolas entre las 800 que más invierten en la UE en 2025.
El número de proyectos activos o de patentes registradas se emplea para cuantificar conocimiento y foco tecnológico.
Cumplimiento de plazos y roadmaps de innovación.
Tasas de adopción de tecnologías emergentes informan sobre ejecución y velocidad de despliegue.
Estos indicadores entre otros, son útiles porque permiten comparar esfuerzos a lo largo del tiempo, gestionar presupuestos de innovación y reportar actividad de manera estructurada.
Sin embargo, y, aquí radica una limitación crucial, miden principalmente recursos asignados y tareas realizadas, pero no nos dicen si esas actividades están generando ventajas competitivas sostenibles ni si están alineadas con las necesidades reales de mercado y de los distintos grupos de interés.
En otras palabras, aunque mostrar una elevada inversión en I+D o una alta tasa de adopción tecnológica puede reflejar capacidad operativa, no nos informa directamente sobre el impacto que esas innovaciones generan en términos de valor compartido, reputación o transformación organizacional.
Métricas emergentes con impacto
Medir innovación solo con indicadores tradicionales, como inversión en I+D, número de patentes o tasas de adopción tecnológica, ofrece una fotografía parcial ya que describe recursos asignados y actividades realizadas, pero no siempre revela qué está realmente ocurriendo dentro de la organización ni cómo esa innovación está contribuyendo a valores más amplios como sostenibilidad, reputación o crecimiento competitivo.
Cuando ese salto no se realiza, las empresas se quedan con métricas que explican lo cuantificable, pero no lo estratégico.
Para avanzar hacia una medición que refleje verdadero valor sostenible, varias organizaciones comienzan a incorporar indicadores que conectan la innovación con resultados empresariales profundos y con bienestar de sus grupos de interés. Estos indicadores emergentes no se limitan a contabilizar procesos: evalúan impacto real, aprendizaje organizacional, cambios culturales y ventaja competitiva perdurable.
Algunos ejemplos de este tipo de métricas son:
Revenues generados por productos recientes.
Ingresos de productos/servicios recientes ÷ Ingresos totales × 100.
Más allá de cuánto se invierte en innovación, es útil saber qué porcentaje de ingresos proviene de productos o servicios lanzados en los últimos años. Esa métrica se alinea con el objetivo de traducir innovación en negocio tangible.
Time-to-profitability (tiempo hasta rentabilidad).
Fecha en que la innovación empieza a ser rentable − Fecha de inicio del proyecto.
Esta métrica emergente que no solo cuantifica el resultado financiero de una innovación, sino que mide el ritmo con el que una innovación transforma inversión y esfuerzo en valor económico real. En términos simples, mide cuántos meses o años transcurren desde que una idea o proyecto innovador inicia su ejecución hasta que empieza a generar resultados financieros positivos que superan los costos asociados a su desarrollo e implementación.
Éxito de proyectos de innovación.
Innovation Success Rate = (Número de innovaciones exitosas / Total de innovaciones implementadas) × 100.
No todos los proyectos deben “funcionar” para justificar su existencia, pero medir la proporción de iniciativas que alcanzan sus objetivos estratégicos ayuda a calibrar la eficacia y la tolerancia al riesgo de la organización, como hacen empresas que equilibran innovación incremental con innovación disruptiva.
Integración de voz del cliente en innovación.
Customer-Centric Innovation Rate = (Número de innovaciones impulsadas principalmente por insights de clientes / Total de innovaciones implementadas) × 100.
Una de las métricas más relevantes para medir el impacto real de la innovación es la integración de la voz del cliente en el proceso innovador. Esta métrica, que en inglés se denomina Voice of the Customer (VoC) o incluso Customer-Centric Innovation Rate, evalúa cuánto y cómo las opiniones, necesidades y expectativas de los clientes se incorporan en las decisiones de innovación. Existen recursos prácticos que definen y recomiendan este enfoque como KPI clave para asegurar que la innovación está verdaderamente alineada con demandas reales del mercado y no solo con criterios internos.
Indicadores de aprendizaje y cultura. Más allá de medir inversión o resultados financieros, existen métricas que capturan cómo una organización aprende, se adapta y desarrolla una cultura que favorece la innovación. La medición de la innovación también puede y debe medir cómo la organización está aprendiendo, es decir, cuánto retiene y reutiliza conocimiento generado por la experiencia innovadora. Indicadores como el nivel de participación de empleados en iniciativas de innovación, el número de ideas implementadas o la frecuencia de ciclos de retroalimentación son ejemplos de cómo se puede capturar aprendizaje como activo estratégico.
Impacto en reputación y legitimidad. La reputación corporativa es un activo intangible clave en la estrategia empresarial moderna. Más allá de la imagen o percepción de marca, la reputación refleja la confianza y legitimidad que una organización construye ante sus grupos de interés a lo largo del tiempo, y es una dimensión que influye en decisiones de compra, inversión, alianzas y talento. Según estudios de Corporate Excellence, la reputación se ha consolidado como uno de los intangibles más relevantes para la gestión empresarial y la estrategia de sostenibilidad, y su medición puede aportar insights directamente vinculados al valor de negocio y la resiliencia organizacional.
Un enfoque cuantitativo para medir la reputación y su impacto consiste en combinar un índice de percepción reputacional con métricas de negocio relacionadas (por ejemplo, crecimiento de ventas, fidelización o inversión).
La reputación corporativa no es solo la percepción que tienen los públicos de una organización, sino un activo intangible que influye directamente en la competitividad, la capacidad de atraer talento, fidelizar clientes y generar alianzas estratégicas.
Más de la mitad del valor de mercado de muchas empresas está explicado por activos intangibles asociados a confianza, legitimidad y marca, lo que convierte a la medición de la reputación en un elemento clave de la gestión estratégica.
Existen metodologías para medir reputación con rigor. Por ejemplo, eMotionRep, combina percepciones de distintos grupos de interés con métricas de desempeño para generar indicadores comparables de reputación.
Asimismo, monitores como MERCO (Monitor Empresarial de Reputación Corporativa) integran datos multifuente de directivos, expertos, empleados y consumidores para construir una medida robusta que permite a las organizaciones identificar fortalezas, riesgos reputacionales y prioridades de gestión.
Por qué es importante para las compañías incorporar estas métricas
Las organizaciones que adoptan métricas emergentes de impacto no solo miden lo que hacen, sino que empiezan a medir lo que importa realmente. Esto es fundamental porque:
Conecta inversión con valor real, asegurando que los recursos destinados a innovación se traduzcan en ventaja competitiva sostenible en lugar de actividad aislada.
Mejora la toma de decisiones, permitiendo a la alta dirección priorizar iniciativas que impulsan resultados estratégicos a largo plazo.
Refuerza la legitimidad organizacional frente a clientes, empleados, reguladores y sociedad que cada vez demandan mayor evidencia de impacto positivo y no solo de inversión.
Fomenta la resiliencia empresarial, ya que organizaciones que aprenden y miden aprendizaje capturan conocimiento útil para adaptarse a contextos complejos e inciertos.
En un escenario donde medir actividad produce estadísticas pero no revela significado, estas métricas emergentes obligan a plantear cuestiones de fondo:
¿La innovación que impulsamos está generando valor sostenible, medible para el negocio, las personas y entorno, o solo produce datos para justificar presupuestos?
¿Estamos construyendo capacidades internas que amplían la competitividad y la resiliencia a medio y largo plazo, o simplemente llenando informes para satisfacer ciclos contables?
La pregunta no es cuánto innovamos, sino si la innovación que medimos está creando valor sostenible, impacto real y ventajas duraderas para la organización y su entorno… o si simplemente estamos contabilizando actividad sin sentido estratégico.


