Cinco diferencias para entender cómo están cambiando las finanzas
Lo importante para poder diversificar la inversión es comprender cómo se están transformando las finanzas
Carmen Mena
9/6/20264 min read


DeFi y TradFi: cinco diferencias para entender cómo están cambiando las finanzas
Por CarmenMena · Innovación Sostenible
Si no hay un banco detrás, ¿a quién reclamas cuando algo sale mal?
La pregunta puede parecer poco entusiasta para empezar a hablar de innovación. A mí me parece un buen punto de partida. Cuando hablamos de dinero, entender quién responde importa tanto como conocer las posibilidades de una nueva tecnología.
Las finanzas descentralizadas, conocidas como DeFi, abren una conversación interesante sobre cómo prestamos, intercambiamos y custodiamos activos. Para seguirla no hace falta dominar todas las siglas, pero sí distinguir qué cambia respecto a las finanzas tradicionales y qué riesgos permanecen.
Qué son TradFi y DeFi, sin complicarlo
TradFi es la abreviatura de finanzas tradicionales: el sistema en el que operan bancos, aseguradoras, bolsas y otras instituciones financieras. Aunque utilicemos sus servicios desde el móvil, seguimos relacionándonos con entidades que gestionan las operaciones.
DeFi agrupa aplicaciones financieras que funcionan sobre redes blockchain y utilizan contratos inteligentes. Estos son programas que ejecutan instrucciones cuando se cumplen determinadas condiciones. Permiten, por ejemplo, intercambiar activos digitales o gestionar préstamos. La guía de Ethereum sobre DeFi explica estos usos y su funcionamiento.
Una aclaración importante: comprar criptomonedas en una plataforma que custodia tus fondos no convierte la operación en DeFi. El tipo de activo y la forma de prestar el servicio son cuestiones distintas.
Cinco diferencias que merece la pena entender
1. Quién gestiona las operaciones
En TradFi intervienen entidades que organizan y ejecutan los servicios. En DeFi, parte de esas funciones se incorpora al código.
Eso no significa que desaparezca la necesidad de confiar. Seguimos dependiendo de quienes desarrollan el protocolo, de su gobernanza y de la infraestructura utilizada. El Banco de Pagos Internacionales analiza precisamente estas concentraciones de poder en su estudio sobre la «ilusión de descentralización».
La pregunta útil no es solo cuántos intermediarios hay, sino qué puede hacer cada uno y qué ocurre si falla.
2. Qué necesitas para acceder
Una entidad tradicional suele pedir identificación, apertura de cuenta y requisitos específicos según el producto. En numerosos protocolos DeFi, el acceso técnico comienza con una cartera digital y conexión a internet.
Pero acceso técnico no equivale a acceso efectivo. También hacen falta conocimientos, fondos para pagar comisiones y, en muchos préstamos, activos que aportar como garantía. Además, pueden existir restricciones en las interfaces y obligaciones legales aplicables.
Desde una perspectiva educativa, aquí hay un reto evidente: una herramienta abierta puede seguir resultando inaccesible para quien no entiende cómo utilizarla.
3. Quién controla los activos
En los servicios tradicionales es habitual delegar la custodia. DeFi permite utilizar carteras de autocustodia, en las que el usuario controla las claves que autorizan las operaciones.
Esa autonomía exige cuidar su seguridad. Si se pierde el acceso sin disponer de un mecanismo de recuperación, no suele existir un servicio central que pueda restablecerlo. Además, depositar activos en un protocolo añade dependencias: conservar las claves de la cartera no elimina los riesgos del contrato que recibe los fondos. La investigación del BIS sobre la tecnología de DeFi describe esta arquitectura y sus componentes.
4. Qué información puedes comprobar
En TradFi, los registros internos conviven con información pública, auditorías y supervisión. En las blockchains públicas es posible consultar transacciones y, cuando está disponible, examinar el código de los protocolos.
Ahora bien, ver información no es lo mismo que entenderla. Un contrato puede estar publicado y seguir siendo difícil de evaluar para la mayoría de los usuarios. ESMA explica el papel de estos programas en su análisis de los contratos inteligentes en DeFi.
La transparencia es valiosa, pero necesita herramientas de interpretación y educación financiera.
5. Qué sucede cuando algo falla
En las finanzas tradicionales, las vías de reclamación y las protecciones dependen del país, la entidad y el producto. No todos los productos tienen las mismas garantías ni están libres de pérdidas.
En DeFi, los errores de código, los ataques y las liquidaciones de garantías pueden provocar pérdidas, y la recuperación puede ser difícil. La automatización también puede amplificar tensiones financieras, como explica el análisis del BIS sobre los riesgos de DeFi.
Por eso conviene quedarse con una idea: más autonomía no significa menos riesgo.
Un préstamo como ejemplo
En un préstamo bancario, la entidad suele analizar los ingresos, el endeudamiento y la capacidad de devolución del solicitante.
En muchos préstamos DeFi, el usuario deposita activos digitales cuyo valor supera el importe que recibe. Si la garantía pierde valor y alcanza el umbral establecido, puede liquidarse para cubrir la deuda. No es una decisión improvisada: forma parte de las reglas del protocolo. La guía de DeFi de Ethereum describe el préstamo con garantía.
Ambos modelos intentan gestionar el riesgo de impago, pero lo hacen de manera diferente. Y exigir activos previos limita cuánto puede ayudar este tipo de préstamo a quien no dispone de patrimonio.
¿Qué tiene que ver todo esto con la sostenibilidad?
En Innovación Sostenible me interesa mirar esta transformación desde tres dimensiones.
La económica: ¿resuelve una necesidad y genera valor más allá de la especulación?
La social: ¿facilita la participación o traslada la complejidad al usuario?
Y la medioambiental: ¿qué recursos consume la infraestructura?
No todas las blockchains tienen el mismo consumo energético. Ethereum, por ejemplo, redujo considerablemente el suyo al pasar a un sistema de prueba de participación, según su documentación sobre consumo energético. Esa mejora no convierte automáticamente en sostenible cualquier proyecto que utilice la red.
Mi criterio es evaluar la aplicación concreta: su utilidad, sus impactos y cómo distribuye beneficios y riesgos. «Digital», «descentralizado» y «sostenible» no son sinónimos.
Entender antes de elegir
No hace falta invertir en DeFi para que merezca la pena conocerla. Estudiarla permite plantear buenas preguntas sobre confianza, financiación y responsabilidad, tanto en el aula como en la empresa.
Tampoco necesitamos presentar esta evolución como una competición en la que solo puede quedar un ganador. Podemos valorar qué aporta cada modelo sin ignorar sus límites.
Antes de fijarnos en una rentabilidad, conviene poder explicar con nuestras propias palabras qué estamos utilizando, de dónde sale el rendimiento y qué podría fallar. Si todavía no podemos hacerlo, el siguiente paso puede ser seguir aprendiendo.
¿Qué te gustaría entender mejor: cómo funciona un préstamo DeFi o cómo se custodian los activos digitales?
CarmenMena · Innovación Sostenible
Contenido educativo. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de inversión.
